miércoles, 18 de febrero de 2015

Cuerno de luna: collages creadores y collage-dogma

Buenos días de nuevo:

Estos días he estado realizando unos collages que han abierto una vía directa a las profundidades de mi alma, porque he comenzado a realizarlos con imágenes de obras de arte de otros creadores. En la imagen, el de hoy, titulado "Cuerno de luna".

Hasta ahora había estado realizando lo que he denominado collage-dogma, un proceso creativo donde las normas eran muy estrictas. Este es el camino por el que llegué, y cómo lo desanduve.

Conocí los collages con periódicos por "Visión de Nueva York", de Carmen Martín Gaite, quien se propuso realizar un collage diario exclusivamente con el periódico de la jornada mientras vivió en esa ciudad, usando palabras, frases, imágenes o lo que apareciera allí. Si en la biblioteca de vuestro municipio tiene solera y conservan ejemplares antiguos, puede que encontréis ese tesoro fabuloso, descatalogado.

Como ejercicio creativo es genial, sólo que lo enlacé con un introyecto  de la infancia (hacer virguerías con el mínimo gasto económico o "sustituir el dinero por talento") y de manera inconsciente decidí que la manera era esa precisamente, con esos límites draconianos. Fui desnudando los recursos creativos hasta quedarme en el esqueleto. Abandoné, con los años, incluso las palabras.

Este ejercicio diario, que sustituyó a los mandalas después de un lustro, resulta muy útil para la recuperación creativa, para tener el manantial fresco. Yo lo utilizo como ejercicio de calentamiento antes de pintar o escribir. Pasado el tiempo, miro esas composiciones y recuerdo exactamente qué estaba haciendo, cómo me sentía… de una manera más precisa y directa a mi alma que con las palabras con las que a veces me enredo y tejo un parapeto intelectual.

El siguiente paso lo he dado al cambiar las fotografías y revistas por libros de arte: la materia prima ha pasado a tener energía propia, los collages casi se componen solos y los armo con voracidad, como en trance. 

Atreverme a cortar un libro, objeto sagrado, lo considero un nuevo paso en mi evolución personal. Reverencio los libros, los amo. De pequeña, aprendí a que no tenía que dejar ninguna marca porque heredaba los libros de texto impecables de mi hermana y tenían que pasar al siguiente, de modo que no eran más que un préstamo y los cuidaba con mimo. Tengo libros fetiche ("Diccionario jázaro" de Pavic), libros desbloqueadores por sí mismos ("Diccionario de símbolos" de Cirlot), libros sabios que mantienen la fascinación con las relecturas frecuente ("La personalidad creadora" de Maslow), los cómics sagrados (Astérix, Lucky Luke, Capitán Trueno, Tintín…)  He cargado con ellos en numerosas mudanzas. 

Considero un acto de valentía cuando en la última decidí que se quedará en el camino mi colección de El Jueves (tengo unos mil números), y las dos enciclopedias de arte que heredé de mi padre. Pensé en regalarlas, donarlas o incluso echarlas a reciclar al contenedor de papel, y me daba pena, a la vez que sabía que no las llevaría conmigo en el siguiente traslado. 

En realidad, parece que sí lo haré… algunos fragmentos seguirán viviendo conmigo. Porque me di cuenta de que el ordenador y una selección de unos cien libros escogidos son materia suficiente para empezar a vivir en otro lugar.

Me ha sorprendido de estos nuevos collages que me he sumergido en el metalenguaje artístico, que los uso en realidad de autorretratos sanadores de mi parte artística. Siento que es más fácil encontrar la manera de expresar por lo que paso, mis dudas, las marejadas, con estas obras hermosas. Me hablan de que cada persona que las creó encontró su manera de contribuir a la belleza del mundo. 

El siguiente paso es atreverme a usar los acrílicos encima de la composición. 


Mi bendición:


Virginia Castanedo



Creatividad, Arteterapia y Educación emocional 
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