miércoles, 26 de junio de 2013

El pozo y las alas

Buenos días:

Volvemos siete días después, discúlpame la frecuencia de publicación menguante. 

Ayer me sucedió algo en la compra que me ha hecho pensar, así que tras darle una vuelta y acordarme de un dibujo que parece hecho a propósito, he decidido publicarlo.

Estaba yo en el supermercado con mi evidente barriga de treinta y siete semanas, y cuando la mujer que iba detrás de mí en la cola para pagar se ofrece a ayudarme y coge el paquete de los seis litros de leche y lo coloca en la cinta transportadora. "No hace falta, de verdad" y ella me responde con un "No me cuesta nada". La digo que es poco común que echen una mano y que muchas gracias; en ese momento se dio la vuelta la que me antecedía, y para nuestro pasmo, dice que "no hay por qué ayudarte, qué te has creído".
- Lo sé, sólo que es de agradecer un poco de amabilidad.
- Además, -añadió la mujer que me ayudó- ella no ha pedido nada, ha sido cosa mía.
Estas palabras no detuvieron la catarata de ataque con palabras como cuchillos, y la planté con un: "Señora, a usted no la he pedido nada, ni siquiera conversación". Se calló tras un par de frases extras, mientras yo me quedaba patidifusa por el daño espontáneo y gratuito.

Llegué a casa pensando que no la tenía que haber contestado nada, y pensé en que todavía me falta bastante para llegar a la sabiduría y a que no me importen los comentarios ajenos. 

Al día siguiente la compadecí, porque  era evidente que esa mujer estaba por debajo del nivel más básico del amor: como ella era tan desgraciada como para que la ofendiera un acto de generosidad, quería que los demás seres humanos también.


Estaba inserta en el modelo de pensamiento que lleva a la infelicidad y a punto estuve de quedarme adherida a las emociones dañinas y peligrosas, las de bajo nivel, de verme arrastrada al pozo negativo.



Menos mal que, como en el dibujo de abajo, podemos canalizar las tormentas emocionales y mentales y llegar a las orillas de nuestro mar en calma.

Es fundamental, para mantener la cabeza y el corazón en el amor, en las ganas de aportar algo al mundo y de ser felices, leer y conectar con lugares y personas que hacen realidad sus sueños, que están en los sentimientos con los que pueden, puedes, desplegar tus alas para volar. Por ejemplo, en el blog de Orsai.

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Próximo post: el mecanismo neurótico de la retroflexión.


Mi bendición:


Virginia Castanedo


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