miércoles, 15 de mayo de 2013

El chapapote del odio


Buenos días:

Transportada por Soft Black Stars y otras canciones del magnífico Antony and the Jonhsons, hoy vamos a hablar del odio. Ya avanzamos sobre el tema en una entrada hace un año y tocaba revisión.

Todo comenzó el domingo, hablando con una amiga, quien soltó varias perlas que han inspirado este post. 
Desempeña desde hace tiempo en un trabajo muy por debajo de su talento,  como Sísifo. La animé a continuar buscando otro empleo más adecuado, y me dijo, con tristeza: "me he dedicado a odiar al 100% el trabajo, y no puedo odiar a la vez que estudio y tener el estado anímico positivo como para superar una entrevista laboral". 

Esto me hizo pensar sobre el componente racional del odio, que es una emoción compuesta, no primaria. Una suma de rabia, indignación, asco, visceralidad, repugnancia, ceguera, deseo de hacer daño... y que requiere de un auto-lavado cerebral constante para mantenerlo. ( Puedes repasar la entrada organizar la mente).


La mente tiene hambre constante, por eso, si no la entrenamos a utilizar su energía en positivo, aparecen los pensamientos parásitos negativos, y, cuando éstos se perpetúan (con o sin un detonador emocional), aparece el odio. Y cuando llama a la puerta, lo hace con intención de quedarse.





Nuestro ego sale dañado y eso nos lleva a querer tener la razón para mantenerlo intacto, en nuestra imagen idealizada. El orgullo herido como consejero es un guía que prefiere morir matando y desaparecer a llegar a un acuerdo que supondría ceder en alguna cuestión. Una victoria pírrica, en la que todo el mundo implicado pierde (bueno, a veces ganan los-as abogados-as).

Los efectos del odio: en el cuerpo, en la mente y en las emociones:


- En la mente: la conexión que establecemos con la persona o el objeto de nuestra aversión nos lleva a encontrar un sentido vital: todas y cada una de nuestras acciones están enfocadas en ese punto, consiguiendo el efecto contrario al que deseamos. 
- En el cuerpo: la ira mezclada con el asco prepara nuestro cuerpo para atacar, con lo que corremos hacia el estrés y la ansiedad. Al estar en este estado anímico, se acentúa la animadversión.
- En las emocionesAl odiar creamos una capa de chapapote con la que nos aislamos de los pensamientos y emociones positivas y elevadas, como el amor, la aceptación, etc. Nos conectamos entonces con los sentimientos de baja frecuencia, aquellos con los que exploramos nuestra parte más oscura: la maldad, el odio, el alegrarnos por el mal ajeno... 

¿Realmente quieres estar así? 
¿Eliges también hoy permanecer en ese estado?

Puedes hacerte esta pregunta, y escoger en cualquier momento el camino verde de la aceptación, de las pérdidas que conlleva (te mancharás de chapapote), y ser tan valiente como para aceptar lo que sucede y seguir adelante con tu vida, perdonando y perdonándote. 

Haciendo algo constructivo y positivo con tu existencia única.

En próximas entradas, el amor (para equilibrar esta), otros mecanismos neuróticos y la entrada personal semanal, que he pospuesto.




  Mi bendición:
Virginia Castanedo

Creatividad y Educación emocional 
sendarte.arteterapia@gmail.com
679 664 693- 946 022 836
Canal de Youtube Elcaminocreativo







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