jueves, 7 de marzo de 2013

La vida que crece en primavera


Buenos días:

Hoy voy a hablar de la nueva relación en mi embarazo con el feto que crece en mi interior, a su ritmo y sin contar conmigo. Mi cuerpo está a su servicio, o al menos así lo vivo.

Fuimos a la segunda ecografía, pletóricos Borja y yo: todo dentro de los parámetros normales.  Y tiende al padre: cabeza pequeña con fémur largo (según la estadística y las medidas que tomó la ginecóloga).

Desde hace unos días noto los movimientos de nuestro retoño en formación. En realidad, esas mariposas en el estómago estaban presentes desde hacía semanas, sólo que, al desconocer la sensación, no la identificaba. Al principio es un rumor, borborigmos que pensaba de la digestión. No: es la vida que se manifiesta.

Cada vez me concentro más en ello, las noto con más frecuencia, incluso al colocar la mano sobre el bajo vientre, perfilando todo un abanico de matices en las pataditas

Los movimientos han ayudado a que nos reconciliamos mi hijo y yo: antes de notarle, sólo veía las molestias, los mareos, el apagón físico y mental. Ahora soy consciente de que está ahí, creciendo imparable, y soy feliz al aceptar lo que conlleva, algo que me ha costado meses asumir, pese a ser un embarazo buscado y meditado. 

Por cierto, va a ser niño.


Otra entrada relacionadas: el amor

Mi bendición:

Virginia Castanedo

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