jueves, 31 de enero de 2013

La indignación de ser un número



Buenos días y bienhallad@:

Comienzo con mis disculpas habituales por la falta de entradas, sumergida de nuevo en una bruma cerebral durante varios días. 

Confío en que el post de hoy compense la espera; lo concebí ayer, después de digerir una noticia de este mismo lunes: me llamó una amiga, que desempeña desde hace varios años una tarea creativa en una empresa asentada de tamaño mediano. 

Un puesto vocacional, muy peleado desde joven, que requería unas jornadas laborales extensas, con muchísimas horas extras y que ella realiza desde el cariño, la alegría y desde la suerte de saber que estaba en un lugar privilegiado. Dedicando su vida y su tiempo todo a su empleo.


La llamó su jefe: lo sentía mucho, estaba despedida

Nada tenía que ver con que estuviera embarazadísima, claro. Sólo que la reforma laboral, a día de hoy, permite que las personas más vulnerables se vean desprotegidas, mientras los-as responsables de esas leyes cobran al día lo mismo que tú o yo al mes.

Se puede leer la situación política y social actual, en lo que entiendo por verdadero periodismo independiente, en eldiario.es, de manos de su director, Ignacio Escolar. Los partidos mayoritarios,  están izquierdeando, en el irónico sentido de la RAE de "Apartarse de toda razón o juicio".

Y claro, yo me indigné, viendo cómo se cometía una injusticia que nos hacía perder dos generaciones de lucha obrera: ya tenemos casi los mismos derechos que nuestros abuelos y abuelas. En ese momento lo vi todo rojo, la insté a pelear, mientras la sangre fluía a cataratas en mi interior, inflamada. Ella estaba tranquila.


El enfado ante una injusticia nos permite activarnos para pelear, y la ira es  una emoción con la que necesito trabajar, que me permite avanzar en mi crecimiento, si la canalizo adecuadamente.

Y es un enfado profundo y ancestral, que forma parte de mi acervo: si miro hacia atrás, veo a mi abuelo paterno, Serafín Castanedo, odiador profesional, boxeador por afición, que cuando salía de su puesto de trabajo de peón en Altos Hornos de Vizcaya se dirigía a su otro empleo de albañil. Republicano y sindicalista acérrimo en pleno franquismo, un día un encargado de la fábrica exigió a los obreros que realizaran un trabajo que mi abuelo calificó "para animales". Y le arreó un puñetazo que les libró de esa tarea sin mediar más palabras.

Cuando me asombré de que no le despidieran, mi padre comentó: "alguien tenía que hacer el trabajo duro, y el viejo lo hacía muy bien".

La parte diabólica de Serafín, la ira mal canalizada, la tiránica, la sufrían en casa, donde tenía instaurado un régimen de terror como el que combatía fuera, y golpeaba a su mujer, mi abuela Felipa Prado Aguirrebeitia, por todo: cuando hablaba su lengua materna, el euskara, que él no entendía y por estar allí, viva; también a sus hijos e hijas, a los supervivientes, en un afán de destruir todo lo que era capaz y él creía que le pertenecía.

Lo compensa mi bisabuelo materno, Andrés Sanz, alcalde rojo en un pueblo de Segovia. Prestaba el dinero a la gente del pueblo cuando les hacía falta, dedicados casi todos, incluído él, a la agricultura. Llegó la guerra, nadie devolvió el dinero y fue la guardia civil a detener al avalista (¿o era por su ideología?): mi abuela Juana, niña aún,  gritaba para que no se lo llevaran, sin saber que, de hecho, moriría poco después, de una afección pulmonar por las malas condiciones de la cárcel.

En ese caso, utilizaba su indignación ante las injusticias para tratar de ayudar a quien estuviera cerca.




Virginia Castanedo

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miércoles, 23 de enero de 2013

En el metro como en la vida

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Buenos días:

Hoy me encuentro algo floja, así que he decidido recurrir a una idea de hace tiempo, que voy a desarrollar brevemente: el comportamiento humano en transporte público (claro que también podría extenderse al colectivo de conductores...) como muestra de tus hábitos.


Como comenté en una entrada anterior, según te comportas en los diferentes espacios de tu vida (trabajo, vecindario), éstos se extenderán al resto (relaciones, familia, ocio...) según tu costumbre.


Veamos las diferentes tipologías de personas en las que me he fijado esta temporada en la que me mareo leyendo en metro.  Por supuesto, todo esto es una opinión subjetiva y personal: si crees que falta o sobra algún tipo, te invito a que lo comentes. 

Elijo hablar del metro porque, desde que lo inauguraron en Bilbao y en el resto de la provincia vizcaína, ha barrido al resto del transporte público en todos los sentidos, y la gran masa hemos ido abandonando el tren y el autobús y relativizando las distancias: kilómetros que antes parecían insalvables y trayectos eternos transformados en un "todo está ahora cerca".

He visto personas que, cuando su tren estaba llegando al andén y ellas todavía estaban en la escalera, elegían correr para intentar alcanzarlo. (Debo señalar que las paradas son muy cortas, de unos 10-15 segundos). A veces lo conseguían, y es fabuloso ver su cara de felicidad, a veces se les cerraban las puertas en las narices.

Otras personas no se apresuraban, con lo que perdían ese tren de manera irremediable por no intentarlo.

Algunas van a gran velocidad desde que introducen el billete, aún cuando luego tuvieran que esperar unos minutos a que llegara el siguiente metro, mientras que otras van con calma, aceptando, supongo, que el tren que les llegue en ese momento será el más adecuado. 

Claro que también podría preguntarme, ¿cuál era el motivo de elegir una u otra opción en cada uno de los casos? ¿Hacia dónde se dirigían?

Seguimos: una vez dentro del vagón, hay personas que permanecen en el sitio primero en el que han entrado, sobre todo si está lleno, como es habitual, tímidas. Otras, en cambio, se abren paso con decisión hacia un hueco que tú ni siquiera habías vislumbrado, más cómodo. Y que van aprovechando las diferentes bajadas y subidas del resto del pasaje para lograr cada vez un mejor lugar.

Hay personas se toman el metro como de propiedad particular y gritan por el móvil (la mayoría son mujeres), hablando durante todo el trayecto porque se aburren, miran para otro lado si hay  hay alguien que necesita de manera evidente el asiento que ocupan...

Otras, para compensar, tienen en cuenta a l@s demás: se apartan para dejar pasar con más comodidad, ceden el asiento a ancianos (la mayoría somos mujeres), sonríen y se disculpan si hay un choque fortuito. Como puntos extra, aquell@s que se molestan en pararse a explicar a alguien novato cómo se coge un billete en las máquinas y cuál es la mejor opción de las existentes, y cualquier otra cuestión que haga la convivencia más agradable.

¿Y tú, cómo te comportas en el metro? ¿Qué relación tiene con el resto de tu vida?


Y para terminar, un enlace sobre la importancia de descansar.

Virginia Castanedo

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domingo, 20 de enero de 2013

Para conseguir el equilibrio

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Buenos días y bienhallad@:

Volvemos tras la entrada personal anterior del yoga a continuar ahondando en definir tus objetivos para que tu vida se vea enriquecida a todos los niveles.

Si no lo has hecho todavía o quieres recordarlos, puedes volver al post en el que hablábamos de las claves para definir tus buenos propósitos, así como a la importancia de adquirir una
nueva costumbre positiva... o varias, para ser cada vez más felices.

En muchas ocasiones, el día a día acelerado hace que pases por encima de reflexionar sobre las bases de tu vida, absorbid@ por lo urgente. 


Y también es común que te centres en una o dos partes de tu existencia a las que das más importancia, como puede ser el trabajo, el dinero, las relaciones amorosas... dejando de lado otras que requieren más esfuerzo o en las que tienes mayores carencias o miedos relacionados.


Por ejemplo: doy tanta importancia a mi relación de pareja que dejo de ver a mis amigos y amigas; o como el trabajo es lo primero para mí, casi no veo a mi familia, ni descanso; o para mí lo primero es aprender, y enlazo Máster tras curso, siempre estudiando, sin dedicarme a nada más. 

¿Te reconoces en alguna de las citadas? ¿Cuál sería la tuya? ¿Hay alguna faceta de tu vida que tengas descuidada? Puedes consultar aquí las consecuencias de los desequilibrios.

Te propongo de nuevo un ejercicio para ver el grado de equilibrio en tu vida entre trabajo, ocio, relaciones personales, alma o espíritu (incluyo el arte), mente, cuerpo. 

Consigue por favor un papel, unas pinturas y media hora de tiempo a solas. 

Puedes añadir facetas (por ejemplo, dividir relaciones personales en pareja, familia y amigos-as), o quitar alguna si lo deseas. Ahora, traza un círculo y dibuja en su interior la porción de tarta que crees que le corresponde en tu vida por el tiempo que le dedicas. La realidad, no lo que te gustaría.

Una vez que has terminado, contempla tu obra... 
¿qué te llama la atención? 
¿Cuál es la parte predominante?
 ¿Y la abandonada o arrinconada? 
¿Qué te dice esto de tu vida?
¿Qué porción o porciones te gustaría que fueran mayores para conseguir un equilibrio?
¿Qué puedes hacer tú para lograrlo?

En la próxima entrada, el prometido plan de acción paso a paso.


Gracias por estar ahí.

Virginia Castanedo

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miércoles, 16 de enero de 2013

El yoga como puente a la paz interior

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Buenas tardes y bienhallad@:

¿Qué tal transcurre la semana? Aquí llueve tanto que las aceras se han convertido en ríos que vadear.


El lunes asistí a mi primera clase de yoga, y fue como volver a casa.

¿Recuerdas la última vez que hiciste algo y tuviste la certeza de que era tu lugar en el mundo, o que era la respuesta que estabas buscando (aún a veces sin planteártela)?


 A mí, que soy tan apasionada (mi hambre vital es insaciable, como la de Galactus), me ha sucedido con varias cosas a lo largo de mi vida: la pintura, allá en mi prehistoria infantil; la lectura, ya mayor de edad; la escritura, el arteterapia,  que hizo a Barcelona aún más bella de lo que ya es y cambió mi vida para bien y finalmente, entrenar mi cuerpo corriendo... 

Amo todas estas actividades y renuevo mi entrega con entusiasmo, ya que hacen que la vida brille más. Las echo de menos cuando las abandono... siempre yo, ellas están ahí para cuando quiera volver y me reciben sin reproche.

Llegué a la clase de yoga con mis pensamientos disparados, y encima yo aferrándome a ellos, pensando que me protegían de los golpes, cuando sólo me esclavizo y me hago dependiente. Como en el dibujo siguiente, realizado hoy:



Como he comentado en otras ocasiones, los pensamientos repetidos, machacones y dañinos son falsos: la certeza es como una flecha única acompañada de silencio. 

Últimamente mi actitud ante la vida  ha sido bastante negativa, pegada a la queja. Puedes revisar tú también tu manera de pensar en este enlace. 

Durante la clase, una perfecta combinación de espíritu y de cuerpo (no tiene sentido lo uno sin lo otro), me di permiso para soltar los pensamientos con los que me he estado machando, y se fueron desprendiendo uno a uno.


Salí de allí tan aliviada y feliz, en un estado anímico que aún perdura y con el que he conseguido más calma, armonía, paz interior... Esta paz que atesoramos dentro y que a veces ocultamos con siete llaves. Por eso sentí que volvía a casa: me estaba esperando a mí misma.



Otras entradas relacionadas:7 leyes espirituales del éxito y meditación hoponopono

En las próximas, el plan de acción para llevar a cabo nuestros propósitos, y el desarrollo de los ejemplos de actividades conectadas con nuestra visión. Además de lo que surja.


Virginia Castanedo

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sábado, 12 de enero de 2013

7 claves para definir con éxito tus buenos propósitos

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Buenos días:

Aquí vuelvo con energías renovadas y el acompañamiento de Chopin, espero que la entrada te resulte útil. ¿Tienes ya tu lista de buenos propósitos? Te invito a que la revises mientras lees el artículo.


Antes de comenzar, algunas razones para animarte a hacer o a completar tu lista de objetivos para este año:

- Para que la vida cobre un nuevo brillo y más color, al sentirte dueñ@ activ@ de tu destino.

- Hacer lo que amas y te hace crecer multiplica tu energía y tu felicidad... así como de las personas que te rodean.

7 Claves a tener en cuenta para formular objetivos con éxito:

1. Que conecte con tus Valores. 


¿Sabes ya qué es lo realmente importante en tu vida, aquello que la da sentido? Si no es así, puedes ir a realizar el primer paso mapa mental de valores, así como completarlo con el segundo paso.  Para ir abriendo boca, puedes atajar respondiendo a las preguntas para definir tus valores.

Y si hace más de un año que la realizaste, puede ser un buen momento para repasarla y pulirla.

Por ejemplo: un propósito como "hacer deporte". ¿Cómo tiene más fuerza, formulado tal cual o relacionarlo con un valor, como "cuidarme de cuerpo, mente, espíritu y emociones", o "dar en toda ocasión lo mejor de mí"?


2. Formula tu objetivo en positivo y de manera proactiva:

Por ejemplo: "No enfadarme tan a menudo".
Si no quieres enfadarte, ¿qué es lo que quieres? ¿Qué emoción quieres sentir? ¿Alegría, paz...? 

Este propósito podría definirse de muchas maneras, según lo que desees. Algunos ejemplos positivos y sanos:
"Sentir paz conmigo mism@ y con las personas con las que me encuentro".
"Que las emociones predominantes en mi vida sean el amor y la alegría".
"Aceptar que cada un@ somos diferentes".

Ten en cuenta además que los propósitos que marquen deben depender de ti, no de otras personas. No puedes cambiar la manera de ser y de actuar de tu pareja o de tus amig@s; sí puedes tomarte lo que sucede de otra manera más positiva.

3. Objetivos que puedas medir:

Siguiendo con el ejemplo 2 y afilando más: ¿Cuántas veces es "a menudo"? ¿Todos los días, todas las semanas, una vez al año...? ¿Y si necesitas la ira de manera sana (como ante una injusticia)? 

Otro ejemplo: "Aprender inglés". ¿de qué manera puedes comprobar que lo estás cumpliendo? Por ejemplo, con la asistencia regular a clases, aprobar un examen de aptitud, ver al menos una vez a la semana una película en ese idioma, etc. 

Revisa cada mes o cada trimestre si vas cumpliendo los hitos hasta llegar al final, o es necesario rectificar.

4. Parte de tu realidad aquí y ahora.

Seguimos con el ejemplo de aprender inglés. Antes de empezar, plantéate: ¿cuál es tu nivel de conocimientos? ¿Cuáles son tus puntos de mejora y tus puntos fuertes en el idioma? ¿Adónde quieres llegar? ¿Qué pasos tienes que dar?

 Si quieres llegar a ser bilingüe por motivos de trabajo y tu nivel actual no te permite expresarte ni entiendes cuando hablan extranjeros... puedes optar por ir a vivir a un sitio de habla inglesa para acelerar el proceso, o apuntarte a cursos intensivos de 3-5 horas al día. 

O decidir que, por ejemplo, este año, visto el tiempo del que dispones, quieres alcanzar el compromiso de asistir a clases tres horas a la semana, y que te sentirás satisfech@ con un 80 % de asistencia. Tú decides. 

Es mejor plantearse pequeñas metas y cumplir por encima que metas demasiado ambiciosas y retirarte por exceso de expectativas.

5. Prepara un plan de acción para lograrlo.

Detalles en próximas entradas, que estoy alargando demasiado esta.

6. Evalúa las consecuencias de realizar tus buenos propósitos: hazlos ecológicos.

¿Cuáles van a ser las consecuencias para mí y para mi entorno? ¿Qué recursos voy a precisar: tiempo, dinero, esfuerzo, colaboración, etc.? ¿La decisión te da energía cuando la tomas?

7. Busca un equilibrio entre las diferentes partes de tu vida.

¿Has tenido en cuenta tu desarrollo personal, tus relaciones sociales y amorosas, tu cuerpo, tu espíritu, tu mente....?  Si buscas un equilibrio entre los diferentes aspectos vitales, puedes pinchar en el enlace. ¿Te atreves a buscar un objetivo para equilibrar facetas que tengas más olvidadas? Tu vida va a enriquecerse.

Abajo, un esquema de posibles objetivos que comentaré en el siguiente post. Si quieres realizar el tuyo propio (y luego elegir los propósitos que más te llamen para tu momento vital actual), he dividido la hoja en emociones, cuerpo, alma y mente, así como las relacionadas por parejas: emociones+cuerpo, emociones+mente, etc. 

¿Te animas a proponer cinco objetivos aplicables a tu vida?



Hasta la próxima, con mis mejores deseos:

Virginia Castanedo

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miércoles, 9 de enero de 2013

Cuando el perfeccionismo se junta con los buenos propósitos

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Buenas tardes:

¿Qué tal va transcurriendo el año para ti? Te deseo lo mejor de corazón.

Hoy miércoles toca entrada personal, en este caso muy relacionada con la anterior, 
trampas mentales,  en la que hablábamos de cómo conseguir los buenos propósitos que nos planteamos. 


¿Qué sucede cuando vas logrando los objetivos planteados... y éstos no tienen fin? Por ejemplo: "quiero hacer deporte", o "quiero adelgazar"?

Ahora voy a utilizar un ejemplo personal, con el que me voy a mojar, una vez más, confesando algo que verbalizo por primera vez en mi vida,  para explicar cómo una tendencia perfeccionista puede llevarnos a la destrucción.

He tenido problemas alimenticios durante muchos años de mi vida. Desconozco si la etiqueta correcta es anorexia, bulimia u otras, o ninguna. 

Nací en una familia donde todo se celebraba o compensaba con comida, y donde el sobrepeso era algo habitual,  celebrado y que nos hacía formar parte de un todo. 

Yo desde la adolescencia (el año que entré al instituto, creo que para protegerme de manera inconsciente de las relaciones con los chicos): 1,60 metros, 65 kilos, talla 44. "Es tu constitución", decían. Supongo que mantuve esa creencia hasta que decidí empezar a aprender a cocinar, cuando me marché de casa, harta de bocadillos. Y me planteé aprender a alimentarme de manera sana: devoré decenas de revistas, libros sobre salud y alimentación... y empecé un régimen que duró un año hasta lograr llegar a una inimaginable para mí talla 38. 

La belleza física se abría ante mí y me emborraché de ella: pasé de inexistente a mujer deseada, y con mi arrogancia juvenil me lo creí. Reconozco mi estupidez, por favor no hagas leña del árbol caído. 

 La cuestión es que me sentía tan poderosa por haber cumplido lo que me había planteado y por la atención que me dispensaban los hombres, que una vez que llegué a la meta, no supe ni quise parar Soy una persona con una gran exigencia a un@ mism@. 

Elegía los alimentos más sanos, los de menos calorías (manzana verde degustada como un manjar exquisito como plato único). Por supuesto, años sin comer chocolate, ni embutidos, ni chucherías ni dulces. Quiero señalar que el concepto actual de belleza femenina está tan próximo a la delgadez extrema que apenas un kilo fue la diferencia.
Si mi objetivo inicial era "adelgazar 5 kilos", continué con lo que tantas satisfacciones me había procurado, "adelgazar", hasta llegar a que la talla 36 me viniera grande, y podías estudiar el esqueleto si me veías sin ropa. Recuerdo que estuve enferma, y vino mi madre a cuidarme. Me vio y no dijo nada, bajó a la tienda a comprar y me obligó a comerme todos los días un yogur enriquecido con nata de 500 calorías sabor frutas del bosque (y yo no quería, pero menos mal que lo hice), hasta que pude volver a tenerme en pie.

Sigo teniendo secuelas leves, como sorprenderme siendo consciente de mi imagen delgada cuando me veo en algunos espejos, hablar de mi cuerpo en cifras (peso, medidas, calorías, talla). 

Mi hermana Cristina me sigue llamando talibán corporal, pero ahora sí que tengo galletas y jamón en casa cuando hasta cuando no espero visitas.  Incluso, he llegado a asumir la decadencia de la edad y de la falta de deporte en estos años sin correr, y no me he fustigado, sino que he logrado mirarme con amor. Precisamente porque soy imperfecta soy más humana, ¡qué caray!  Era peor persona tan presumida. Y además consumía mucha energía que ahora utilizo, por ejemplo, en escribir.

Para lograr definir un objetivo de manera sostenible, te remito a la siguiente entrada de esta semana, donde lo detallaremos.


Virginia Castanedo

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domingo, 6 de enero de 2013

5 trampas mentales a tener en cuenta para cumplir con tus buenos propósitos

Feliz año lleno de posibilidades y proyectos:

¿Qué tal has comenzado? Espero que fenomenal. Leo por la web el tema actual: los buenos propósitos al comenzar el año. Todo el mundo con muy buenas intenciones y deseando llevarlos a cabo, por supuesto. ¿Tú tienes ya tu lista?  

Vamos a dar un pequeño repaso sobre algunas trabas mentales que nos podemos ponernos nosotr@s mism@s para  que se quede en papel mojado... Y cómo motivarnos para lograr nuestros objetivos


He hecho una ilustración para esta entrada, que nos sirve de doble manera: como imagen en sí, y para valorar que:

 1. Lo importante es empezar las cosas, aunque no resulten perfectas. De hecho, las primeras veces no lo serán.

Si comparas este dibujo con otros del blog, puedes notar que los acabados son imperfectos, el rostro poco expresivo y los colores han perdido intensidad. Que quede constancia que lo he hecho con cariño y lo mejor que me he podido con mi estado de salud actual, mareada y con el cerebro a medio gas. Prefiero escribir el post con dibujo mediocre a incumplir mi compromiso, porque eso me haría perder fuerza.

 Por tanto, si la primera vez que vas al gimnasio no aguantas más de media hora y notas las agujetas antes de que acabe el día, no pasa nada: lo importante es haber acudido y continuar yendo. Tu cuerpo te avisa de que no está acostumbrado y de que se está movilizando y preparando para las siguientes ocasiones, nada más. 




2. Centrarte en las carencias, en lo que pierdes, en vez de en lo que ganas.

Cuando te planteas un propósito supone que has tomado la conciencia de que hay algo en tu vida que quieres cambiar, y eso nos adentra en la incertidumbre, en el umbral de lo desconocido. Abandonar nuestra zona de comodidad, avanzar por lo desconocido. Es normal que te acompañe el miedo o la desazón. Ahora, en un momento dado es necesario salir a la vida y adentrarnos en la niebla. 

¿Y si miras hacia atrás, hacia lo seguro y calentito de tu casa? La imagen de convertirse en estatua de sal me parece acertada. Si, en cambio, te concentras en lo bueno por venir, así como en la satisfacción de lo que estás consiguiendo, a cambio de un pequeño (o grande) sacrificio, es más probable que llegues a los 21 días necesarios para que una costumbre se aposente.

3. Disfrutar de tu esfuerzo, de tu renuncia al placer inmediato a cambio de uno a largo-medio plazo.

La satisfacción cuando has superado, por ejemplo, tu ansiedad a la hora de comer y eliges empezar un régimen y lo llevas a cabo, centrándote incluso en la sensación de hambre, te da poder. Cuantas más promesas a ti mism@ cumplas, más grande, más fácil será que se extiendan a todos los ámbitos de tu vida. 

Si trasciendes el dolor que supone empezar a hacer deporte, lograrás llegar a un momento el que tu cuerpo, ya entrenado y agradecido, te responda con una energía multiplicada que ni siquiera eras capaz de imaginar.

Si vences la pereza y vas a las clases de inglés (¡Me asombro de mi propia falta de originalidad en los ejemplos!), y disfrutas de cada nuevo término aprendido, de las personas que estudian contigo, te vas a sentir bien, fuerte, satisfech@. Con tus botas de siete leguas de la voluntad. 



4.  Fantasías futuras catastróficas

Los pensamientos negativos que adelantan acontecimientos, del tipo "voy a sufrir", "voy a pasarlo mal y no quiero", "no voy a ser capaz", etc. constituyen pequeñas flechas que minan tu voluntad. Cambia tu discurso mental, lávate el cerebro a ti mism@ con frases positivas y con música si ves que los pensamientos se disparan. Funciona.

5. Fantasías pasadas catastróficas

"Nunca lo he conseguido hasta ahora", "estoy cansado de tirar el dinero para luego no ir a clases". Vale, de acuerdo: hasta ahora. ¿Y a partir de ahora? Recuerda que has evolucionado como persona, has aprendido, puede que al revisar tus creencias hayas encontrado otras prioridades en tu vida, tu vocación... sucesos todos que esta vez pueden hacer, si quieres, que tomes otro camino. Que ahora seas capaz de superar trabas que antes te parecían abismos insalvables, que ahora quieres y te comprometes.


En próximas entradas, cómo convertir un buen propósito en una serie de acciones concretas, lo que nos ayudará a llevarlo a cabo, técnicas creativas y el miércoles, tal vez hable de buenos propósitos cumplidos, como cuando dejé de fumar (dos paquetes al día), empecé a correr... o mis problemas alimenticios superados. Bueno, no de todo en la misma entrada.

Ánimo con tus propósitos. Ánimo con superar la primera barrera.



Virginia Castanedo

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miércoles, 2 de enero de 2013

Sobre la tela de araña

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Buenas noches (que es cuando estoy escribiendo el post):

He pensado empezar el año cumpliendo mis compromisos de contenidos para el blog. Hoy miércoles toca entrada personal, y no sé por dónde va a terminar, porque ya he empezado.  A trompicones, sin una idea definida, tan sólo un hilo sutil como una tela de araña. 





 ¿Se forman así las ideas, tejiendo una red que parece invisible y que luego se fortalece o se borra de un manotazo o de un soplo de viento?

Hoy me encontraba mejor físicamente, y me he permitido ir a la biblioteca municipal de Bilbao,  Bidebarrieta. He comenzado, remolona, en la sección de cómic: algo ligero para que pudiera leerlo en caso de estar indispuesta. 

Y he vuelto a tocar con la emoción que me producen estos lugares maravillosos: tantos y tantos volúmenes por leer, dibujantes que prometían, colores...  

Así he recordado el tiempo en el que venía a la biblioteca como el rato de gloria semanal porque me llenaba de energía, de ideas, de otr@s artistas referenciales. 


He pedido "En busca del tiempo perdido", volumen 2 titulado "A la sombra de las muchachas en flor", de Proust, y mientras lo buscaban en el archivo, he escalado al primer piso, sección novela, consciente de la suerte detod@s l@s autor@s que me quedan aún por conocer.
 Allí he encontrado un tesoro: una obra que no había devorado todavía de Fred Vargas, "El ejército furioso" (si no la conocéis, coged cualquiera del comisario Adamsberg). Envalentonada con el tesoro creciente, me he acordado de que estoy perdiendo vocabulario, densidad y sensibilidad de prosa: la solución me ha tocado como una flecha:


¡Cortázar! Para volver a aprender el castellano y la pasión por escribir.

 He dado un zarpazo al primer libro suyo que he visto, "Papeles inesperados", y con mi tesoro de cuatro volúmenes y como una ladrona ante un golpe de suerte he recogido a Proust y he salido a la calle con mi cara de loca transfigurada feliz.

Después he quedado con mi amiga Patricia, que tiene, entre muchos talentos, el de llenarme de energía, y hemos estado hablando sobre qué punto de nuestra vida estamos, qué nos gustaría, nuevos proyectos todavía por concretar, hechos con hilos invisibles, y nos hemos dado cuenta de que la vida es apasionantemente imprevisible, en todo lo que nos queda por delante, con optimismo y con ganas.

Como esta obra colectiva de un@s artistas de pocos años, que cogieron por primera vez conmigo una paleta de colores. 

Toda la vida por delante.

¿Y tú, cómo has comenzado el año?


En próximas entradas: plan de acción para la consecución de nuestros objetivos vitales (si quieres definir lo importante para ti, te recomiendo que profundices en tu misión), nuevas técnicas creativas con texturas, y todo aquello que se me vaya ocurriendo.

Gracias por estar al otro lado. 

Virginia Castanedo

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Esta imagen la pongo sólo porque me parece bonita.


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