jueves, 31 de mayo de 2012

Mirar a los ojos

Buenos días y bienhallad@s:

¿Qué tal por el lugar del mundo en el que os encontráis? Os deseo amor, un proyecto vital y felicidad creciente. 
Y un agradecimiento y un saludo en especial a las dos nuevas participantes de esta bitácora: Pilar San Pablo y MariloPerdon. Y gracias también a todas las personas que estáis fiel o esporádicamente al otro lado, claro que sí.

Vamos allá con Alexander Borodin de música de fondo: confieso que lo escucho por primera vez. (Alegre y energetizante.)

Tenía preparada la ilustración de esta entrada desde hacía días, y muy claro lo que iba a decir: cómo las personas nos influyen y pueden inspirarnos, y a la vez ser nosotr@s mism@s referencias para otr@s al ir avanzando en nuestra evolución y en la vivir nuestros sueños.Ahora bien, mientras me decidía a escribir el post y pasaban los días, un@ de mis pacientes me tocó el corazón al abrir el suyo en su última sesión de arteterapia.


Ver la fragilidad humana cara a cara, el dolor de una persona que sufre, la delicadeza del alma que tapamos con tantas máscaras y corazas en el día a día, pese a la entereza con la que podemos tomarnos las cosas que suceden. 

Y el amor, traducido como el deseo sincero de que la persona que está delante encuentre consuelo y apoyo y deje de sufrir (además de que, a un plazo algo más largo,  consiga superar la situación y aprender de ella y crecer).

Cada persona es una oportunidad única de aprendizaje, ya que nos sirve de espejo de nuestras cumbres y de nuestros precipicios. Empatizar con los seres humanos con los que nos encontramos día a día nos lleva a dejar de mirar nuestro ombligo, a relativizar los problemas, a sacar nuestra bondad intrínseca. Porque, aunque la emparedemos dentro de un laberinto mental, siempre encuentra la salida cuando ve que la otra persona sufre. 

Como les digo a los niños y a las niñas cuando se pelean entre ell@s, mientras me agacho a su altura: "Por favor, mírame a los ojos". Y contemplar el alma de quien está delante y que vean la tuya, en ese intercambio tembloroso de la mirada sin palabras, donde, en el fondo del iris, nos descubrimos como seres humanos anhelantes de amor. 
De hecho, algun@s niñ@s, alguna vez, me han dicho: "no quiero, quiero seguir enfadad@". (Hasta que finalmente acceden por su propia iniciativa, tras unos minutos refunfuñando). 
Las personas adultas somos iguales, en realidad. 

Si eres capaz de superar tu enfado o tu tristeza y miras con amor a la profundidad de los ojos de tu pareja o de tu hij@: ¿seguirás alterad@?

Y todas las personas anhelamos lo mismo: amar y que nos amen.



Empecemos por atrevernos a mirar a los ojos, a sostener la mirada unos segundo más, a buscar el alma y a dejarnos mirar la nuestra... si somos capaces de sostener todo ese nuevo torrente de emociones y de empatía, tan apartado de la vida acelerada que llevamos.
¿Pruebas?



En próximas entradas, las diferentes maneras de hablar de las personas y cómo influye en nuestra relación con ell@s (no es lo mismo decir "la gente es..." que "las personas son", por poner un ejemplo). 
Y otra también, inspirada en un comentario de Nagore en el Facebook sobre el anterior post, en el que planteaba, entre otras, las siguientes cuestiones:
"¿Perdemos el contacto con nuestros sentimientos?
¿Entendemos lo que sentimos?
¿Volver a escucharte es descansar de pensar?"

Mi bendición:


Virginia Castanedo

Visita el perfil freelance de Virginia Castanedo en InfoLancer.net
Creatividad y Educación emocional 
Sesiones individuales y grupales
sendarte.arteterapia@gmail.com
679 664 693- 946 022 836
Canal de Youtube: http://www.youtube.com/user/VirginiaCastanedoE?feature=mhee



jueves, 24 de mayo de 2012

Menos cabeza y más amor

Visita el perfil freelance de Virginia Castanedo en InfoLancer.netBuenos días y bienhallad@s:




¿Qué tal estáis? Espero que fenomenal.

Estoy escuchando en Radio Clásica "Sonata Op 1 nº1 de Molter, Ensemble Trazom" mientras escribo, y lo estoy sintiendo como un regazo en el que apoyarme. Me está costando centrarme y completarla, a ver si lo consigo. Creo que es porque estoy viendo las imágenes y el texto como fragmentos, no como una unidad. Bueno, en ese caso, adelante con el puzzle.


Ya os he contado que llevaba un tiempo en un bloqueo creativo y personal, del que he utilizado una imagen para ponerle cara, de Fukushima:


He estado dando demasiada importancia a lo que me decía a mí misma desde mi cabeza, y he omitido las llamadas de axilio de mi cuerpo, de mis emociones. En una espiral de negatividad acentuada por la lluvia de pensamientos destructores que yo misma promocionaba y que ha hecho mella en mi ánimo.

Incluso, había decidido que tenía que hacer algo, y parte del problema era que no sabía por dónde empezar. Hasta que me he dado cuenta de que, en realidad, daba igual por dónde, ya que estaba todo por reconstruir.


Y he comenzado por dejar de luchar contra la radiactividad y la sequía, y aceptar el cansancio, que me estaba dando una lección que tal vez no podía tomar sola.

Pequeños placeres:

 No sabía por dónde empezar, así que he decidido  simplemente parar y volver a hacer las cosas que amo, las pequeñas y sencillas:

He ido a mis amadas bibliotecas y a sumergirme en los catálogos, para dejarme sorprender y coger algo al azar, y libros para disfrutar. Mark Twain, Stevenson, Roald Dahl,...
También poesía: San Juan de la Cruz y Benedetti.

He leído tumbada en el sofá, con el agradecimiento de mi espalda dolorida.

He comprado lana azul cobalto impregnada de olor de hogar, y tejí. (Estoy haciendo en miniatura y con ganchillo "Los Vengadores", pero esto es otra historia.)

Escucho un audio de la Edad Oscura europea, en la Edad Media, en la que "volvimos a la prehistoria durante cuatro siglos a partir del 800 d.C.". Y me siento identificada y tocada en el corazón con esas entradas a la oscuridad colectiva y personal.

Escucho "El mundo Today", un audio de humor realizado por tres licenciados en filosofía y me río a carcajadas.

Preparo un pisto de berenjena que es como una selva de aromas y sabores matizados y armónicos. ´Lo degusté en crudo, es decir: ´sin leer a la vez, sin interferencias mentales. Acompañado con un compacto pan de centeno.


Me informo también sobre Hécate, la patrona de las puertas y de las encrucijadas, de los cruces de camino, y vuela mi imaginación sobre qué historias podrían contarse a partir de aquí.

He empezado a ver la serie "Perdidos".

Sigo estudiando a los dinosaurios, con el libro de Juan Luis Sanz, "Cazadores de dragones", donde habla de la interpretación histórica de los huesos de esos seres gigantescos (¿podría el grifo griego (mitad león, mitad águila) venir de una interpretación de los huesos de triceratops?).

He hablado largo y tendido con mis amigos Yosem y Pablo.

Me emociono con un libro, en el que el autor, Fernando Beltrán, habla de cómo escribió un libro de poemas para canalizar unos años terribles y creó una empresa que me ha fascinado, El nombre de las cosas.

Y entonces, sin buscarlo, me he inspirado, y he comenzado un nuevo libro, que estoy escribiendo y dibujando con amor y con humor.

Volver a tener un proyecto exclusivamente creativo ha hecho que pueda quitarme las ataduras de mis alas, y las he desplegado.


En próximas entradas, nuestra aportación posible a la evolución de la humanidad entera, y las personas que nos sirven de inspiración, con una ilustración hecha precisamente para este blog.

Mi bendición:


Virginia Castanedo

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sábado, 12 de mayo de 2012

Huir hacia adelante

Buenos días y bienhallad@s de nuevo:

¿Qué tal allá donde estáis? Espero que fenomenal. Y bienvenido, Alberto, a esta bitácora.

Yo me encuentro como mi bonsai: agotada después de un trasplante, y bajo mínimos (el pobre ha perdido más del 50% de sus hojas). La esperanza es que ambos tenemos brotes esperando a mejores tiempos. 
Suele coincidir en mi vida que mi cumpleaños, el dieciséis de mayo, viene acompañado de una actividad tan frenética que me quedo en estado catatónico, completamente agotada en todos los sentidos: seca de ideas, emocionalmente necesitada de aire, sol y abono e intelectualmente en tiempo muerto; todo esto en un envase corporal semejante a un hojaldre reseco.  
También feliz de poder escribir esta entrada, a la que considero uno de mis brotes.
 Y  escribo sonriendo, espero que se transmita.

En estas circunstancias estaba, interesándome desde hace un par de meses por otra especie extinta, los dinosaurios (fascinantes, espero escribir pronto algo sobre ellos, sólo que todavía no los he hilado con otros temas que tengan cabida en el blog), cuando me he acordado, muy oportunamente, de Alejandro Magno, muerto a los treinta y tres años tras once de conquistas continuadas y 3.800.000 km. cuadrados bajo su dominio, y, en tercer lugar, de una entrada que os prometí y con la que no cumplí, que iba a hablar del capitalismo aplicado al desarrollo humano (lo entiendo como esquilmar los recursos internos en vías de un crecimiento constante que, a la larga, se convierte en insostenible). 



Estas escaleras nos sirven de metáfora del avance infinito, un camino en el que, en ocasiones, se convierte en laberinto. 


Cuando emprendemos un camino, es conveniente que nos preguntemos a menudo ¿hacia dónde voy? ¿Cuál es el límite, la meta a la que quiero llegar? 


¿Qué hace que algunos seres humanos deseen continuar siempre hacia adelante, sin parar? 

En mi comportamiento alejandrino de los últimos tiempos, me doy cuenta de la adrenalina que genera el seguir siempre en marcha, de la emoción de la próxima conquista, sea en el ámbito que sea. La necesidad de estímulos constantes y que generen la suficiente densidad emocional como para que merezca la pena vivir, no sea que tenga que parar y me de cuenta de que no era ese el camino que quería, que he recorrido varios kilómetros en dirección equivocada, con su desgaste consiguiente.

¿Y si Alejandro, una vez unificada Grecia, o una vez conquistada Persia, hubiera vuelto a casa, en vez de querer seguir batallando? ¿Cómo se hubiera enfrentado al día a día del gobierno y de la vida, a la rutina, incluso al aburrimiento? ¿Avanzaba o huía?


Permanecer en donde estamos, en nuestro día a día, y ser felices, es muchas veces más difícil que seguir avanzando, porque requiere mucha sensibilidad, mucha conciencia, para advertir los detalles pequeños, los sabores, los olores, los gestos, todo lo mínimo, que es lo que compone la existencia.


Tal vez por eso, continuar hacia adelante es lo que nos evita, de momento, mirar en nuestro corazón, en nuestra vida. Si sentimos paz interna, estamos en buen camino o en buena posada. 
Algorta, en Bizkaia.

Y por eso, en ocasiones, cuando sucede algo que nos detiene en nuestros planes, nos rebelamos, peleamos, nos quejamos... sin darnos cuenta de que, de otro modo, no nos hubiéramos detenido. Alejandro Magno, y much@s de nosotr@s en estos años del siglo XXI, pensamos, de manera arrogante, que la vida tiene la obligación de favorecernos siempre, cuando son precisamente estos retos con los que crecemos, con los que nos hacemos más humildes, más amoros@s, y por tanto, más human@s.

Mi bendición:


Virginia Castanedo


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viernes, 4 de mayo de 2012

¿Estás en la zona de comodidad?



Buenos días y bienhallad@ una vez más:


¿Qué tal ha comenzado el mes de mayo? Por el norte, de momento, hemos ganado sol, tras unas semanas de lluvias intensas. 


Bienvenid@s a l@s nuev@s seguidores-as: Proyecto Exea  y Allpe (atención a las interesantísimas esculturas recicladas y a las intervenciones en la naturaleza de su blog). Y gracias a todas las personas que estáis al otro lado.


Hoy vamos a hablar sobre la evolución personal y vital.


Ésta que caminar hacia la involución (Del lat. involutio. -onis, acción de envolver). f. acción y efecto de involucionar. //2. Detención y retroceso de una evolución biológica, política, cultural, económica, etc.), estancarse o caminar hacia el desarrollo de nuestras potencialidades. Y nos centraremos, precisamente, en la zona de comodidad, en el campamento base de la ilustración. 








Hay etapas en las que estamos cómod@s con nuestra vida, con las circunstancias, personas, trabajo y demás. Es muy importante, de hecho, celebrar cuando las cosas van bien, cuando recibimos buenas noticias. 


Corremos un peligro: quedarnos en el limbo, en la medianía, en el abandono. 


Unas circunstancias que, en un momento o etapa vital son las mejores posibles para nuestra vida, puede que se conviertan, pasado el tiempo, en una cómoda cárcel con tercer grado.



Por ejemplo: "Este trabajo no me gusta", y no busco otro. Las ventajas que me supone mantenerlo son muchas: un sueldo regular, los horarios me permiten otras actividades, es un reto, etc. Hasta que, de repente, un día, alguien de tu empresa se marcha porque ha conseguido un puesto mejor, más acorde con sus intereses y categoría... y vuelves a morderte las uñas. O puede que veas a esa persona a la que hacía mucho que no veías, entregada de lleno a vivir sus sueños, con la cara de felicidad de la gente que se atreve a vivirlos. 


Y puede que comiences a plantearte y a buscar. Este es el camino evolutivo voluntario

Aquel en el que tú vas plantando semillas, cultivando y recolectando. Por eso, llega un día, en el que tus sueños empiezan a cumplirse. No sucede que las cosas son "de repente", en la inmensa mayoría de los casos hay un trabajo constante detrás.

 Personas cómodamente asentadas que hemos decidido seguir buscando, levantarnos del sofá, vencer la pereza, enfrentarnos a las negativas cuando presentamos aquello que amamos, y que nos sirven a su vez para seguir insistiendo y puliendo hasta que damos con la clave, hasta que los caminos se abren. 


También hay otro modo de llegar al mismo sitio: un acontecimiento inesperado que hace tambalear nuestros cimientos, y que llega sin avisar: un despido, una enfermedad, un divorcio, el fallecimiento de alguien a quien amamos, la quiebra económica,...
El camino evolutivo obligado, que comienza con una prueba vital dolorosa, que nos sirve de revulsivo, que nos moviliza y nos saca de la zona de comodidad, de aquella que no queríamos abandonar... y que ahora vemos a nuestras espaldas, y sin provisiones ni mochila. 




¿Y tú, estás en la zona cómoda
¿Exploras? 
¿Dónde están tus sueños? 



Mi bendición:


Virginia Castanedo


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