viernes, 6 de enero de 2012

La llamada de la vocación y la herida:

                                                                                Feliz día de los Reyes Magos  y bienhallad@s: de nuevo:
 Lo primero, gracias a María por su valiente comentario a la entrada "Los pensamientos Parásitos", y mis disculpas tanto a ella como al resto de las personas que leéis el blog por el desaguisado del pasado post, con frases repetidas, imágenes que no se ven... cosas que tiene el manejo de la nueva configuración, que todavía no controlo.



La figura de la derecha es un primer boceto sobre la Vocación, sobre el don que hemos venido a ofrecer al mundo. A la vez, también hemos venido con una herida que sanar.

Ambas cosas nos tocan profundamente y nos permiten evolucionar: un acontecimiento, una palabra, una persona... pueden desencadenar el dolor  antiguo o/y nuestra máxima capacidad, lo que nos acerca más al espíritu. 
Cada vez que reaccionamos de manera exagerada para lo que sucede en ese momento, estamos tocando una tecla importante, bien la herida o bien la vocación. Por ejemplo: alguien habla mal de las mujeres en general, y tú saltas, encendida. Una persona te da una mala contestación y te pones a llorar o a gritar. Ahí está la herida. Cuando eso mismo se lo contamos a alguien de confianza, nos damos cuenta de que no ha sido la situación, sino cómo nos la tomamos. Tenemos aquí, entonces, una pista valiosa de nuestra herida. Ahora nos queda el camino de aceptar, perdonar, cuidarla y finalmente sanar. Si nos quedamos en la herida, en la sombra, corremos el riesgo de perder la esperanza, de contactar con nuestra parte más miserable, y dar la espalda a tantas cosas que tenemos.

O, un día, de repente, leemos un libro y decidimos que seremos escritor@s, o pintor@s, o bailarin@s. O vemos el sufrimiento y desde ese mismo momento nos damos cuenta, de que sabemos exacamente qué es lo que vamos a hacer en nuestra vida, y al decidirlo eres feliz.




Y somos nosotr@s mism@s quienes vamos a ir conjugando nuestro máximo potencial, aquello que amamos y que hacemos como nadie, aquello que nos transfigura y que hace que el tiempo se diluya y entremos en la eternidad, con la sanación de aquello con lo que permitimos hacernos daño y que nos está indicando el camino: es el siguiente peldaño a subir . Puede que no nos guste, que nos resulte fastidioso, o que prefiramos ir con las heridas abiertas, como dijo el gran Neruda. (Eso sí, ¡cuidado con desangrarnos!). 

Los seres humanos tenemos la tendencia a desviarnos del camino, aún sabiendo que llegamos o podemos llegar a un callejón sin salida, y que estamos abandonando la senda largamente buscada. Por eso es tan importante revisar de manera habitual por dónde vamos, si nuestras palabras, nuestras emociones, vísceras y espíritu están en sintonía o alguno está abandonado.

Hagamos lo que hagamos, tanto si nos curamos y perdonamos ( a l@s demás y a nosotr@s mism@s) como si nos entregamos a la aventura de la vocación (artística, vital, laboral o lo que sea), podremos notar una sensación corporal de felicidad y de grandeza. 

Eso es que estamos en el Camino. El que hace que nuestra vida merezca la pena.

Mi bendición, un saludo.

Virgiñita



 Y recordaros una vez más el curso de Creatividad para Artistas bloqued@s,  que comienza el 18 de enero en Bilbao, donde vivenciaremos estos grandes temas.
Visita el perfil freelance de Virginia Castanedo en InfoLancer.net












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